Te llaman por la mañana y te dicen, “Te necesito para una prueba especial (…) Mañana por la mañana vas a ir con otros cinco tipos y vais a estar de pie en la zona cero.” “¿Zona cero?”, respondes. “Sí, pero la bomba va a estallar 3 Km por encima tuya.” “Bueno, ¿que tipo de equipo protector voy a llevar?” “Ninguno”… George Yoshitake recuerda cómo llevó una gorra de béisbol, solo por si las moscas. “Me dieron una cámara de fotos y dos de vídeo. Eran Eyemos de 35mm. Ajusté las dos Eyemos y las conecté a un pequeño cable disparador de modo que pudiese accionarlas con mi pie unos cinco segundos antes de la explosión. (…) Los otros cinco eran científicos que se habían ofrecido voluntarios para estar allí. Yo no era un voluntario. No lo supe hasta que llegué allí.”

Los EE.UU. realizaron entre 1942 y 1962 más de 300 pruebas nucleares hasta que Kennedy firmó el tratado de prohibición en 1963. Es difícil no quedarse embobado por el increíble poder de una explosión nuclear, por sus devastadores efectos y por las psicodélicas imágenes de aquellos incautos que accedieron a presenciarlas a cuerpo descubierto justo antes de que un equipo de fotógrafos anónimos procediesen a recuperar con máscaras de oxígeno sus contaminadas cámaras.

Cinco voluntarios enviados para presenciar el ataque aéreo de Genie en la Zona Cero

Observadores VIP iluminados por una explosión nuclear en la Operación Greenhouse (Atolón Enewetak, 1951)

Maniobras de tropas durante la operación Tumbler-Snapper (1952)

Cámaras en el campo de pruebas de Nevada (1953)

Crossroads Baker, explosión de 21 kilotones en el Atolón Bikin (1946)

Detonación de Castle Bravo, 15 megatones, la mayor prueba nuclear realizada por los EE.UU. Se le perdona el horizonte caído. (1954)

Tanto How To Photograph an Atomic Bomb de Peter Kuran como 100 Suns de Michael Light recopilan entre sus páginas algunas de estas fascinantes e irrepetibles (por suerte) fotografías. Imperdibles.

Vía | FFFFOUND!