Probablemente existen tantas formas de sujetar la cámara como fotógrafos pero solo unas pocas nos ofrecen la estabilidad necesaria como para reducir el riesgo de trepidaciones cuando utilizamos velocidades bajas.

En este vídeo trato de enseñar la postura más común así como una variante bastante peculiar que conocí hace unos años y cuyo origen me ha sido imposible de situar. En resumen, estos son algunas de las claves a tener en cuenta:

  • Sujeta la cámara firmemente con ambas manos apoyando los codos contra el cuerpo. Coge la empuñadura de la cámara con la mano derecha de forma que el pulgar quede en la parte de atrás y el índice sobre el disparador. Mientras, sostén el peso la cámara con la izquierda dejándola descansar sobre tu palma y agarrando el objetivo con el índice y el pulgar.
  • Separa los pies y evita flexionar las rodillas. Si quieres disparar desde un ángulo bajo, apoya una rodilla y si necesitas bajar aún más hazlo con ambas sentándote sobre las piernas sin juntarlas. La idea es que en la medida de lo posible mantengas siempre la espalda recta.
  • Contén la respiración en el momento de pulsar el disparador y recuerda hacerlo con suavidad para evitar que la cámara se incline hacia ese lado.
  • Siempre que tengas una pared o columna a mano no dudes en apoyar la espalda contra ella. Es un remedio milagroso.
  • Por defecto, utiliza el visor óptico. Cuando encuadramos con la pantalla LCD tenemos que alejar la cámara de nosotros y esto solo nos resta estabilidad. Si no hay más remedio y quieres utilizar la pantalla LCD aunque estés disparando a una velocidad lenta (o grabando un vídeo) prueba a colgarte la cámara del cuello y tirar de esta hacia adelante hasta que no puedas alejarla más; tus brazos y la correa formarán un trípode de emergencia respecto a tu cuerpo y con suerte ayudará a suavizar las vibraciones.

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