Leo en Quesabesde acerca de un tema sobre el que precisamente he estado hablando este fin de semana con Diego López durante una escapada fotográfica al parque natural de Los Alcornocales. ¿Recordáis la fotografía ganadora de la pasada edición del prestigioso Wildlife Photographer of the Year realizada por el español José Luis Rodríguez? Pues todo parece indicar que esta evocadora imagen de un lobo ibérico saltando una valla de madera podría haberse preparado “fabricando” el escenario y utilizando a un lobo amaestrado, algo que contraviene las bases del concurso, las cuales exigen indicar claramente si se han utilizado animales en cautividad.

Diversos medios ingleses como Daily Mail o The Guardian se han hecho eco de la polémica, iniciada por la revista Suomen Luonto después de que algunos participantes del certamen denunciasen anonimamente el asunto ante la organización (la revista BBC Wildlife Magazine y el Museo de Historia Natural de Londres).

Aunque el fotógrafo ha negado las acusaciones calificándolas como una campaña de difamación organizada por otros participantes del certamen, probablemente españoles, las pruebas publicadas por Luonto sin llegar a ser concluyentes sí que avivan la sospecha: las orejas y la marca del hocico del lobo parecen coincidir con las de Ossian, un viejo conocido de la reserva natural privada de la Cañada Real, donde podría haberse realizado la foto.

Al margen de si José Luis ha quebrantado o no las bases del concurso, lo cierto es que me apena ver como al final se verán afectados todos los fotógrafos de naturaleza patrios, volviendo a colocar a España junto a la definición de la picaresca y la trampa. Así que, como digo, al margen de si ha existido o no esa trampa, ¿creéis que han hecho bien los fotógrafos que han denunciado a José Luis? ¿Es peor el remedio que la enfermedad?