Ignacio Izquierdo levitando

Leyendo la divertida entrevista que Héctor “Kirai” le ha realizado a Ignacio Izquierdo y el propio blog de este aluciné en colores al enterarme de que el muchacho va a lanzarse a la aventura de dar la vuelta al mundo durante 8 meses con la cámara como única compañía.

Al margen de la sana envidia que me causa la noticia (maldito seas Ignacio, yo también quiero hacer el recorrido en el Transiberiano, sniff) una pregunta asaltó mi cabeza: ¿cual podría ser el mejor método para almacenar la ingente cantidad de fotografías que se pueden dar en un viaje de este tipo?

Tomando como referencia mi viaje a Japón me sale una media aproximada de 8,5 GB diarios, aunque de haberlo emprendido solo como va a hacer Ignacio probablemente habría superado los 10. Eso son 300 GB mensuales, 2,4 TB en los 8 meses de esta aventura de largo recorrido (os recuerdo que estamos hablando de RAWs de 30 MB, si vuestra cámara es más modesta en megapíxeles la cosa no se vuelve tan bruta). Sin embargo, como bien me habéis recordado en los comentarios, el cuerpo tiene un límite y pocos podrían mantener ese ritmo durante todo el viaje así que dividamos la cifra por dos redondeándola en 1TB.

Manejando estos datos la opción más evidente es hacernos con un disco duro de alta capacidad como el LaCie Rugged XL de 1 TB (170 € en España, 120 € al cambio en EE.UU.) que además cuenta con la ventaja de estar especialmente bien protegido externamente. Pesa poco más de un 1 Kg así que no es demasiado traumático cargar con él siempre que podamos dejarlo junto con el Netbook de turno en nuestro campamento base. Otra alternativa más liviana es recurrir a discos duros de 2.5″ (Western Digital los tiene de hasta 500 GB), especialmente si nos hacemos con un caja de HD portátil como la Nexto eXtreme. Esto no solo nos libra de llevar ordenador encima al poder descargar las tarjetas directamente sino que es muy fácil de abrir para reemplazar su disco duro por otros vacios conforme vaya siendo necesario. De forma accesoria, también podemos comprar unas cuantas fundas antigolpes como las de Conceptronic; son muy baratas y proporcionarán algo de protección a los discos que vayamos guardando cargados de imágenes.

Ignacio Izquierdo levitando

Solucionado el primer escollo tenemos un segundo problema: la seguridad. En esos ocho meses viajando solo por el mundo pueden pasar muchas cosas, incluyendo algún que otro desastre como una caída aparatosa de la mochila, un robo o un chapuzón inesperado estilo monzón. A día de hoy solo se me ocurre un sistema para curarnos en salud y no arriesgarnos a sucumbir a la hecatombe que supondría perder todas nuestras fotografías del viaje y este consiste en duplicar las imágenes y enviar la copia mediante mensajería a lugar seguro (nuestra casa o la de un amigo por ejemplo). ¿Y en qué soporte? Veamos…

  • DVDs. Eran mi primera opción por su resistencia a los golpes que pudiese recibir el paquete a manos de esa subcontrata de Fedex en Nepal pero los contras son demasiado grandes… los de doble cara cuestan una fortuna y los normales andan cortos de capacidad. Descartado.
  • Internet. Seamos serios… si en España apenas existen conexiones decentes de pago, difícilmente encontraremos durante el trayecto algo gratuito que nos permita subir, al menos, la selección de nuestras mejores obras maestras vía ftp. Descartado.
  • Más discos duros. A riesgo de terminar haciendo rico a algún ejecutivo de LaCie o Seagate, parecen a todas luces la mejor opción. Son rápidos, ofrecen la mejor relación GB/precio y tan solo tendremos que dedicar un poco de esmero a su embalaje para asegurarnos de que sobreviven al viaje. Además, si no os apasiona la idea de tener la mayor colección de discos duros conocida por el hombre, recordad que si guardáis sus cajas originales en casa podréis venderlos fácilmente por eBay a vuestra vuelta recuperando parte de la inversión.

Como bien ha dicho Julio Rodriguez en los comentarios, una forma de mejorar este sistema es ir vaciando los discos duros que viajan con nosotros una vez tengamos la confirmación de que su copia a llegado a casa y se encuentra en perfectas condiciones. Además, también está la cuestión de ser mínimamente selectivos e ir revisando las fotos tomadas para eliminar las que no estén a la altura (movidas, desenfocadas, con algún elemento no deseado o repetidas). Eso sí, ante la duda, nunca borres nada.

¿Se os ocurre alguna idea más? Pues dejadla en los comentarios. ¡Bon voyage Ignacio!