Una de las máximas de la deontología periodística es que las fotos son documentos, y hay que tener mucho cuidado al manipularlas. Como norma general en medios que se consideren minimamente serios, está prohibida toda manipulación de las fotografías que no sea estrictamente técnica (edición periodística, eliminación de defectos de revelado o de transmisión) o esté destinada a preservar la identidad de menores o personas expresa o potencialmente amenazadas. Ni siquiera se puede invertir una imagen con el propósito de que la cara de la persona fotografiada dirija su vista a la información a la que acompaña.

Pues bien, hace unas semanas Raúl Sánchez Quiles, un lector canario de El País aficionado a la fotografía avisó al periódico de que una fotografía suministrada por la agencia Efe y publicada por ellos había sido trucada. Horas más tarde, llegando ya el asunto a oídas de Efe, esta envió la imagen original acompañada por la poca satisfactoria nota de: “Esta foto sustituye a la transmitida el pasado sábado con la referencia AV03 y que ha sido previamente anulada a todos los efectos”.

Como podréis suponer, el asunto ha terminado con El País disculpándose por el asunto a Efe despidiendo al fotógrafo. y a mi mismo preguntándome lo siguiente: ¿Lo han despido por haber retocado una imagen o por haberlo hecho tan francamente mal?

Bromas y cursos sobre perspectiva aparte, todo este tema no hace sino recordarnos dos cosas: lo rápido que tendemos a aceptar lo que nos muestran los medios informativos, y lo fácil que es realizar retoques que adulteren la cualidad documental de una imagen. En este caso era algo evidente pero, ¿cuantas imágenes nos cuelan por buenas que no lo son?

Vía | Barrapunto