
El Ministerio de Cultura ha hecho público un año más el fallo del jurado del Premio Nacional de Fotografía, otorgándoselo al “fotógrafo” y poeta gallego Manuel Vilariño (La Coruña, 1952). Dotado con 30.000 euros, este premio constituye un reconocimiento a la trayectoria profesional de Vilariño, demostrando por tercer año consecutivo que en España somos muy modernos y alternativos.
Buff, no puedo, lo he intentado pero no puedo escribir una noticia con esto. Los tres últimos Premios Nacionales de Fotografía son de chiste, y si no, opinad vosotros mismos:
Vale, parece que definitivamente la movida madrileña vuelve a estar de moda, así que nada, todos a hacer fotos de bichos muertos y retratos cutres por las mañanas mientras nos apuntamos por la tarde a un curso intensivo en el que nos enseñen a soltar majaderías propias de un “artista periférico” como que nuestra obra tiene “un intenso sentido poético y filosófico” o que es “profundamente espiritual y tiene que ver con la poesía del conocimiento”. Y la mejor para el final, repetidla la próxima vez que estéis entre un grupo de críticos y seréis catapultados hasta lo más alto de los premios nacionales: “Trabajo con la poesía y la fotografía, con el vuelo de las imágenes. Para mí ser y ver es todo la misma cosa, pero, fundamentalmente, mi trabajo es fotográfico, aunque el territorio de lo imaginario es indivisible”. Toma castaña.
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