El fotógrafo de National Geographic Jim Richardson habla en su blog acerca del modo en que obtuvo esta fantástica imagen aérea, ofreciéndonos de paso algunas pinceladas del modo en que se trabaja en este tipo de fotografía.

En resumen:

  • Aunque mucha gente piense que determinados fotógrafos son mágicamente capaces de pulsar el disparador en el momento correcto lo cierto es que rara vez es fruto de la casualidad. El secreto está más bien (y esto no se aplica solo a la fotografía aérea ni mucho menos) en ser capaces de predecir lo que va a ocurrir y anticiparnos a ellos.
  • En el caso de la fotografía aérea lo difícil es lograr estar en el lugar correcto con las condiciones climatológicas adecuadas. Los helicópteros no se utilizan con tanta frecuencia como podríamos imaginar ya que no siempre hay uno cerca disponible y su precio es realmente elevado (entre 500 y 700 euros la hora). Jim suele utilizar avionetas Cessna (normalmente una 172 o 182, ambos modelos de ala alta, por encima de la cabina), con la que consigue tomas horizontales con un 24mm sin que aparezca ningún elemento del aparato en la toma. Para contratarla, nada más fácil que buscar en las páginas amarillas por un “Instructor de vuelo”; suelen utilizar estas avionetas y cobran unos 100 o 150 euros. No creáis a nadie que diga que podéis hacer fotos desde un avión de ala baja.
  • Lo ideal es volar lo más bajo posible, normalmente a unos 300 metros.
  • Por la mañana el aire está más limpio pero si, por ejemplo, la cosecha se va a recolectar por la tarde, no tienes elección.
  • No siempre se necesita una velocidad de obturación ultra alta. Si te encuentras con el tiempo calmado puedes llegar a utilizar una velocidad sorprendentemente baja (Jim comenta que ha publicado dos dobles páginas en la NG disparadas a 1/8 seg.) La clave está en no apoyar los brazos en la ventana o el asiento de la avioneta, y lo más difícil, sujetar el objetivo suficientemente estable dentro de la cabina a resguardo de la corriente de aire.
  • Céntrate en encontrar formas y elementos con los que formar composiciones reales. Es muy tentador dispararle a todo (todo parece fantástico desde el aire) pero cuando vuelves a casa y ves las imágenes todas parecen irrelevantes.

Definitivamente, la suerte no tiene nada que ver.