
Steve Winter ha sido acechado por jaguares en Brasil, perseguido por un oso pardo de más de tres metros en Siberia y quedó atrapado en las arenas movedizas de la mayor reserva de tigres del mundo en Myanmar. Ha volado sobre volcanes en erupción y visitado aldeas tan aisladas que sus pobladores nunca habían visto antes a un extranjero rubio (o una cámara).
Esa es la vida con la que Winter soñaba mientras crecía en Indiana: viajar por el mundo como fotógrafo de National Geographic. Su primera cámara se la regalo su padre a la temprana edad de siete años, y con ella aprendió los conceptos básicos de la fotografía.


Tras graduarse en la Academia de Arte y la Universidad de San Francisco, Winter comenzó a trabajar como asistente del fotógrafo de National Geographic Michael Nichols, por aquel entonces un freelance asentado en San Francisco. Según Winter, “La escuela fuera genial. Pero trabajar como asistente realmente cambio mi vida. Ahí fue donde obtuve mi verdadera formación.” Posteriormente se traslada a Nueva York, donde comienza a ejercer de reportero gráfico para la agencia Black Star, trabajando para publicaciones como GEO, Time, Newsweek, Fortune, Natural History, Audubon, BusinessWeek, Scientific American o Stern, y diversas organizaciones como UNICEF o el Kessler Institute for Rehabilitation.
Fue durante uno de estos trabajos, concretamente para Merck Pharmaceuticals, cuando decidiría dar un giro de 180º a su carrera. “Me habían enviado a documentar la búsqueda de nuevas drogas en el Instituto Nacional de Biodiversidad en Costa Rica. Era la primera vez que iba a la selva y quedé absolutamente maravillado por lo que vi y por los científicos con los que trabajé durante seis semanas. Nunca había realizado ningún encargo de naturaleza, pero aquello me transformó. (…) Me di cuenta de que quería capturar la pasión y la energía de estos científicos y llevar sus historias a los lectores.”



Pero entrar en National Geographic no es tarea fácil así que Steve empezó colaborando con throught World, la revista infantil de la sociedad, donde pronto destacó al introducir la idea de incluir niños de la misma edad de los lectores en los reportajes sobre científicos trabajando, por ejemplo, en salvar una determinada especie. Este acercamiento resultó tener mucho éxito con los jóvenes lectores y en 1991 los editores de National Geographic decidieron darle por fin su gran oportunidad enviándole a Guatemala para un reportaje sobre el quetzal. Lo había logrado, había hecho realidad su sueño y desde entonces cubriría un buen número de asignaciones incluyendo los osos gigantes de Kamchatka en Rusia, los tigres del valle Hukawng en Myanmar, la vida a lo largo del río Irrawaddy (también en Myanmar) o los leopardos de las nieves en las montañas de Asia Central, por el que ganó el Wildlife Photographer of the Year el pasado año.
Winter vive en New Jersey junto a su mujer, su hijo y alguna que otra mascota.



Si echáis un ojo al listado de fotógrafos de National Geographic veréis que me he saltado unos cuanto para hablar precisamente esta semana de Steve Winter. El motivo no es otro que el lanzamiento de Snow Leopard, la nueva versión del sistema operativo de Apple, Mac OS X. Desconozco si la imagen utilizada por Apple para la caja y uno de los fondos de pantalla de Snow Leopard pertenece a Winter, pero lo que si es seguro es que se incluyen otros tres fondos de pantalla pertenecientes al reportaje del fotógrafo estadounidense.
Winter pasó seis semanas durmiendo en una tienda a 30º bajo cero mientras seguía la pista al leopardo de las nieves en el Parque Nacional Hemis de Ladakh en la India. Para conseguir fotografiar a este escurridizo felino del que solo quedan 3.500 ejemplares en estado salvaje, tuvo que instalar 14 cámaras trampa que realizaron más de 30.000 tomas durante diez meses. Creo que mereció la pena.

Curiosidades: Winter utilizó cámaras Canon EOS 350D con el EF-S 10-22mm f/3.5-4.5 USM para fabricar sus cámaras trampa pero también contó con un juguete de excepción: uno de los pocos objetivos EF 1200mm f/5.6L USM existentes en el mundo, proporcionado por Canon Europa a modo de préstamo. La imagen de arriba está realizada precisamente con este objetivo unido a un multiplicador 1.4x. Según Winter, el relativamente pequeño tamaño del leopardo en la imagen es una prueba de lo difícil que es acercarse a estos animales. Otras ópticas más mundanas que constituyen las preferidas por el fotógrafo son el EF 70-200mm f/2.8L USM (el cual le gusta utilizar junto a un 1.4x) y el EF 400mm f/4 DO IS USM.

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minijuegos
26 de agosto de 2009 a las 16:06
Una de esas personas que consigue su sueño. Qué afortunado, a parte de ser un genio haciendo fotos… saludos
Eva
26 de agosto de 2009 a las 18:12
La envidia me corroe
menudos fotones y menuda vida de aventura!
Rubén
27 de agosto de 2009 a las 12:13
Bueno… están bien, pero tampoco es para tanto.
Rodrigo
27 de agosto de 2009 a las 15:39
Que bueno ver que retomaste la ampliacion de este segmento del blog por que esta BUENISIMO !!!! Uno de los mejores disponibles en castellano !!! Hacia rato que lo estaba esperando, espeo ver muchas mas entradas nuevas pronto. Saludos desde Israel.
CMYK
28 de agosto de 2009 a las 19:18
Muy buen aporte Gracias!
Roger
29 de agosto de 2009 a las 22:30
La verdad es que es increíble conocer los detalles de la vida de un fotografo de la National Geographic y siempre me ha parecido un sueño poder alcanzar una meta como esa o similar, hay tanto por aprender y ver en este mundo que nunca podría pensar en otra profesion mejor que esa para descubrilo uno mismo.
Buen trabajo por el blog, me encanta y lo sigo desde hace más de un año.
Saludos.
Oliver
30 de agosto de 2009 a las 0:38
Conincido con Rubén, los resultados de Steve Winter tampoco son para tanto. Actualmente NG cuenta con fotógrafos muchiiiiiiiisimo mejores. Gracias por la información brindada. Un saludo
Oscar Catalan
1 de septiembre de 2009 a las 13:30
Hombre, claro que algunas de estas imágenes son mejorables técnicamente, pero alguien ha tenido en cuenta que no están hechas en el zoológico de la ciudad si no en plena naturaleza, con unas condiciones climatológicas muy adversas, en un lugar aislado, en un territorio muy extenso. Coincido en que el sello NG, de por sí no implica nada, pues hay de todo como en todas las casas, pero antes de no reconocer un gran trabajo, vamos a analizar las CONDICIONES en las que se hace, porque de lo contrario creo que caeríamos en ser demasiado superficiales. Saludos.
Peter
22 de junio de 2010 a las 18:38
Estimado Miguel Michan… literalmente me encantó tu crónica respecto del trabajo de Steve… Sabes, viendo esto recordé el trabajo, aún en ejecución de otro fotógrafo colaborador de National Geographic que no tienes en tu lista… me refiero a Claudio Almarza… este hombre reconocido cómo quien más ha publicado de la Patagonia, sé que se encuentra trabajando en dos proyectos… uno, la selva valdiviana, un tipo de bosque templado lluvioso del cual su remanente más antiguo se encuentra en Chile y el otro y alucinante es su proyecto sobre pumas en la Patagonia el cual hilo con este tema… igual de difícil de registrar que el leopardo de Steve, vale la pena observar a este bello felino del cual muy poco se conoce… el tema en contra es que yo muy poco le conozco, tengo su website (claudioalmarza.com), pero si te interesa podría contactarte con su representante a quien si conozco e hicimos amistad. En lo que a mi opinión en otro plano se refiero… y cómo ecólogo, discrepo bastante de muchos comentarios aquí dado por algunas personas que se refieren más al desarrollo técnico o a la comparación con otros fotógrafos de National Geographic respecto de su habilidades o calidad… principalmente porque los profesionales de esta revista no siempre están por el logro técnico… y no siempre está la situación dada para unir arte con registro… y por ende, y obviamente que será mucho más difícil intentar lograr un cuadro sea mejor en lo técnico como más artístico en su composición si la especie en cuestión es mucho más difícil de conseguir, rastrear, observar y finalmente poder detenerse con tiempo suficiente para poder utilizar mayor concentración y creatividad en ella… Salta a la vista lo difícil que fue encontrar y fotografiar este bellísimo leopardo.. el hecho de usar una cantidad que pocas veces se ve en cámaras trampas es ya un ejemplo que lo indica… he visto fotografías alucinantes de otras especies, tanto de fotógrafos de NG como de otras revistas, pero donde han podido permanecer todo el tiempo que han querido al lado de éstas, pudiendo jugar con mejores posibilidades en todos los sentidos… composición, tipos de técnicas aplicadas… luz … escenario etc.. entonces, y con todo respeto, creo vale la pena meditar antes estas condicionantes que juzgar la calidad y valor del trabajo. Cuando estuve en Patagonia, invierno del 2008, y con esto termino, fuimos con un equipo precisamente a intentar observar el comportamiento de los pumas, por esa razón fue que me enteré que por esos días estaba Claudio Almarza por allá… de los casi 3 meses que estuvimos en esas montañas con un frío y viento de mil demonios, sólo unas cuantas veces pudimos observarle, pero jamás nos pudimos acercar lo suficiente como para un trabajo de mejor acabado… para cuando casi dejábamos Patagonia conocí levemente a este fotógrafo de NG… quien muy gentilmente nos mostró parte del desarrollo de su trabajo…mejor no lo hubiese visto, eran tan claras, bellas y nitidas… y el golpe de gracia fue que en unas se saltaba a la vista que estuvo por lo menos a unos 7 metros de distancia… cuando nos despedimos una pregunta me persiguió por largo tiempo pregunta: por qué él sí pudo y nosotros como otros que conocimos allá y que sabían de pumas, muy rara vez conseguían acercarse como lo hacía este fotógrafo.
Espero no haberles cansado y espero esta narración sirva de algo… Saludos, Peter.
Edgar Delgado Jerez
30 de agosto de 2010 a las 20:34
Que gusto leer la historia de como ud logro tener su sueño hecho real, tenemos mucho en comun que es ese sueño que tengo ver mi nombre en esa lista de grandes fotografos. estoy a la orden en los andes de Táchira – Venezuela